Al proceso de aprendizaje y cambio de las valoraciones, preferencias, lealtades y simbologías políticas que comienza desde la temprana edad se le denomina socialización política. El mismo forma parte del amplio proceso mediante el cual los individuos aprenden y modifican los contenidos del mundo que han legado sus antecesores.
Los individuos no son sujetos pasivos dentro del proceso de socialización, ellos están al mismo tiempo interactuando y cambiando; incluso desde sus primeros momentos de vida el niño es un sujeto activo en el proceso de socialización. En el mismo transcurren las diferentes etapas de desarrollo físico e intelectual del infante y adolescente haciendo que el proceso, además de formativo, sea novedoso y no meramente de recepción-repetición del ideal adulto.
Por otra parte, la realidad impulsa tanto a la estabilidad como al cambio debido a la acción creadora y renovadora de los seres humanos y al interés de estos en influir en el curso de la realidad social y política. Entonces, la interiorización del objeto político en el proceso de socialización va a depender de las características peculiares de la realidad en que tal proceso se desenvuelve, de la eficiencia de una serie de agentes socializadores y de las particularidades como individuos y como grupos de quienes participan en el proceso, incluyendo los niveles de madurez bio-psíquica de los niños y jóvenes4. Debido a esa articulación de fuerzas de estabilidad y cambio en el proceso de socialización política, Almond y Powel5 definieron a esta como “el proceso por el cual las culturas políticas se mantienen y cambian”.
La socialización política es importante porque influye en la generación de valores (concepciones políticas), actitudes (predisposición a la acción o decisión) y lealtades (ataduras afectivas a partidos políticos, grupos, clases sociales, etc.) que afectan la política y al sistema político.
No hay comentarios:
Publicar un comentario